martes, 6 de mayo de 2008

Pobre niño de zapatillas



El pobre niño de zapatillas,
que tiene en su cerebro tatuado tu nombre,
el que no puedes evitar que siempre te mencione,
el que a tu amor se ha condenado.

El que suspira besarte al atardecer,
el que cada vez que te ve calla,
pero desea besarte en las mañanas,
el que sueña perderse en tu mirada.

El que le reza a tus ojos santos,
y cuando despierta duerme al corazón,
y al alba aúlla el alma en un canto,
y empieza a vivir la vida eterna.

Y ella tan blanca como la luna llena,
tan llena de cariños no realmente entregados,
y su suspiro nunca antes conquistado.
La musa que siempre vive soñando.

Muy bien sabes que escribo para ti,
que siempre bailamos dentro de nuestros sueños,
tan dueños de nuestros destinos,
y tan desacertados son nuestros guerreros.

Yo sólo espero una luz en tu ventana,
volver a los 17, cantarte una serenata,
el que tú me admires, ames y quieras,
todo eso que podríamos hacerlo los dos mañana.

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