Yo creí ver dos grandes ojos en una copa,
pensé sin cesar que eran las huellas de vida,
empapadas de licor, ojos que dicen que te sientes sola,
con todo eso y el licor creí tontamente curar mis heridas.
Eras tan bella en todos los idiomas,
tan muda, tan viva, tan pura que yo sentía evocarte viéndote.
Y hablándote entre puntos y comas
me vedaste el tan simple añorarte…
Crees tropezar en tu ventana con la salida,
encontrar la cálida esperanza que te dé paz,
encontrar en el roció la vida sin final,
y al final encontrar las excusas de tu “yanomás”…
No somos extraños, ni sigues siendo mía,
no somos estorbos en las pistas, en la carrera,
no nos olvidamos de que tuvimos una vida,
sólo nos cobija la diaria faena… de no estar, de no pensar…
Yo quiero… ¡NO!, temo querer algo para mí,
que me juzgues por pensar en mí,
por no pensar siempre en ti.
Amores desvanecidos por pensarnos como personas…
los dos vencidos sin: “te perdono, ¿me perdonas?”
martes, 18 de marzo de 2008
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