¡Ay! No me mires si andas pensando en mentir,
no me hagas creer lo azul del mar cuando ya no lo es,
no me vendas el cielo estrelladlo que no compro nada.
Relampaguea mil veces más y grita más fuerte,
redonda las palabras si es necesario
hazme creer que en cada pestañeo hay vida y hay esperanzas y logros.
Cerremos los dos los ojos y respiremos el mismo deseo
y me retractaré de mi ausencia de creer en tiempos mejores,
si tan sólo pestañeas una vez más.
Y ya ves que otra vez me trago mis palabras, mi único alimento,
mis suspiros no latidos, mis palabras jamás expuestas,
mis defensas derivadas.
Ha pasado cinco minutos y he vuelto a caer, he vuelto a temblar,
he vuelto a ahogar el respiro
y los dedos no se quedan en los teclados como ayer.
Sé que mañana diré que no compro nada,
que no me vendas nada,
que las ilusiones no son más que alegrías que perduran por un pequeño instante...
Pero, porque no decir mañana que fuimos muy felices,
que los escritores ya no nos celan
y que fuimos felices por siempre...
viernes, 13 de junio de 2008
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario